$23 por tres meses de trabajo, la realidad de una tejedora manabita

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El 5 de diciembre de 2012, la UNESCO declaró el tejido del sombrero de paja toquilla como patrimonio intangible de la humanidad, por aquel tiempo algunos funcionarios del Estado hablaban de que esta declaratoria representaba una “justicia histórica”, y la alegría estaba presente en muchos ecuatorianos, especialmente los manabitas.

Aunque ya ha pasado un año y medio, esta declaratoria es desconocida para Doña Rosa Flores, una humilde mujer que vive en el poblado rural el Aromo, cantón Manta, quien es tejedora de sombreros finos de paja toquilla, saber que adquirió a los doce años, bajo la atenta supervisión de su abuelita.

Pero eso no es lo más contradictorio, pues el pago que recibe por su trabajo es algo que en realidad pone en riesgo la permanencia de este patrimonio. Un sombrero fino de paja toquilla le representa a Rosita al menos tres meses de trabajo, y por el cual recibe de manos de comerciantes intermediarios entre 20 y 30 dólares, es decir entre 7 y 10 dólares de pago por mes (incluyendo materia prima), ni siquiera cincuenta centavos por día de trabajo.

Nosotros somos pobres, y tuve que aceptar, además mi nieta estaba enferma, y al menos con eso la pude llevar al doctor,” comenta con amargura Rosita, al referirse a un trato que tuvo que hacer con una comerciante que le pagó 23 dólares por un sombrero fino que le llevó tres meses y dos semanas elaborarlo.

Es por ello que esta mujer señala que actualmente a muchos niños y jóvenes no les interesa aprender el tejido de sombreros, pues no es algo rentable para quien lo confecciona; sin embargo, en algunas páginas webs extranjeras los sombreros finos, dependiendo de su calidad, pueden costar hasta 5000 dólares, en otros lugares se los oferta por varios cientos de euros. Claramente algo no anda bien, y esto pone en riesgo un patrimonio de los ecuatorianos, de toda la humanidad.

¿Qué se está haciendo? sombreros

En el Instituto Nacional del Patrimonio Cultural no son ajenos a esta situación, incluso saben que este Patrimonio Intangible de la Humanidad podría verse en riesgo. Las cifras así lo confirman, de los 45 portadores del conocimiento del tejido fino de paja toquilla registrados en los cantones de Portoviejo, Montecristi y Manta, 41, es decir el 90% supera los 65 años de edad. “El número de portadores del conocimiento está disminuyendo”, comentó Fabián Zambrano, analista del Patrimonio Inmaterial del INPC Zona 4.

Es por ello, que varios ministerios están diseñando un plan de salvaguardia de estos conocimientos, saberes y técnicas, mismo que no solo incluye el ámbito cultural, también el económico, pues se ha identificado una inequidad en la cadena de valor, donde quienes están al inicio de la misma, como los que extraen la paja toquilla y tejen los sombreros, son los más perjudicados.

Sin embargo, está claro que este complejo problema no se solucionará vía decreto, es necesario que se cree conciencia en todos los actores de la cadena de valor, incluso en los mismos usuarios.

El caso de Rosita no es aislado, a los pocos días de conversar con ella, me enteré que en otro poblado rural del sur de Manabí los tejedores padecen el mismo problema. Ojalá las soluciones que están planificando desde el Estado lleguen a tiempo, que los tejedores de paja toquilla reciban el apoyo necesario para asociarse y vender sus productos a un precio más justo, que les permita vivir con dignidad, y garantizar así la permanencia de este patrimonio.

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