Apuntes sobre Lilian Tintori y su activismo por los “Derechos Humanos”

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Lilian Tintori, es un caso emblemático de “defensora” de los Derechos Humanos en Latinoamérica, una región muy peligrosa para esta etiqueta, si tomamos en cuenta que, recientemente, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, anunció tener información sobre el asesinato de 41 activistas durante los cuatro primeros meses del 2017 en Colombia. El país cafetero, está ubicado junto a la tenebrosa y dictatorial Venezuela.

Pero esta vulnerabilidad parece no afectarle a Lilian. En su lugar, esta pobre activista es tenazmente acosada por las cámaras, micrófonos y flashes periodísticos, cada vez que llega a los aeropuertos del continente y algunos lugares del mundo, o se reúne con jefes de Estado -el dinero para viajar no parece ser un problema-. La mayor preocupación en sus ruedas de prensa es que tal cantidad de micrófonos oculten su rostro que gesticula perfectamente para llenarnos de tantas emociones -recuerden que es experta en comunicación política, graduada en una de las universidades más costosas del continente-. Luego, todo este agotador trabajo, se traduce en espectaculares titulares de prensa, que la han elevado con todos los honores a los altares del “jet set” de los Derechos Humanos de la región.

A inicios de abril, este “emblema” de la lucha por los pueblos se reunió con otro “prócer” de los Derechos Humanos de la región, el Sr. Enrique Peña Nieto. Seguramente, Lilian nunca se enteró que a pocos días de ser recibida en Los Pinos, precisamente el 20 de mayo mataron en Jalisco a dos dirigentes huicholes, dos días después, asesinaron a un activista indígena tzotzil, en Chiapas; a lo mejor sí estaba al tanto de que en el 2014, 43 estudiantes desaparecieron de un solo tajo en Ayotzinapa, o que México fue en el 2016 el tercer país en el mundo con el mayor número de asesinatos de periodistas, solo superado por Afganistán y Siria, países que viven en guerra; y en lo que va de este año, siete han caído a balazos. Casi nunca los responsables de estos asesinatos son descubiertos.

Pero, ¡para qué hablar de esas bobadas que no tienen nada que ver con los Derechos Humanos!, parece haber pensado Tintori, y es que ninguno de los reportes de prensa de esa reunión dan cuenta de que esta incansable luchadora haya abierto su boca para hacer mención a tan bochornosos hechos. En su lugar, ella se deshizo en halagos y agradecimientos al presidente mexicano, luego de tener una reunión “muy humana” donde el mandatario mexicano se comprometió a ayudar en la recuperación de la democracia venezolana, como si en su país no tuviera cosas que buscar. La defensora tomó el avión y dejó suelo mexicano, parece que su apretada agenda no le permitió ir más allá de las esferas del poder.

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Dicen que las comparaciones son odiosas, pero a veces necesarias

¿Qué diferencia a Lilian Tintori, de Yolanda Oquelí y Bertha Oliva? La primera cosa es que, seguramente, a la primera la han visto hasta la saciedad en los noticieros, y a las otras dos ni en pintura, así que muy brevemente diré algo sobre las dos últimas.

Yolanda es una líder y activista comunal, su lucha no es nada fácil, junto a sus coterráneos lleva años enfrentándose a las grandes transnacionales mineras que, bajo la complicidad del gobierno, se adueñan de sus tierras y contaminan lo poco que les dejan en su natal Guatemala. En el 2012 fue gravemente herida de bala, por gente a la que nadie atrapó ni atrapará. De ese atentado, todavía lleva cerca de su columna el proyectil. Dice que esa bala le ocasiona dolores muy fuertes, pero afirma que ese sufrimiento le hace recordar que debe seguir en la lucha contra las transnacionales que invaden los espacios y derechos de las comunidades rurales de Centroamérica y el mundo. A más de este dolor, lleva sobre sus hombros tres demandas.

Bertha fundó hace tres décadas el Comité de Familiares de Detenidos y Desaparecidos en Honduras (COFADEH), esto luego de que su esposo, Tomás Nativí Galvez, dirigente de la Unión Revolucionaria del Pueblo (URP), fue secuestrado y desaparecido la noche del 11 de junio de 1981, cuando ella tenía tres meses de embarazo. Pero parece que este sufrimiento no es suficiente, por alzar la voz, esta mujer ha sido calumniada, injuriada y difamada.

A simple vista, saltan algunas diferencias, Yolanda y Bertha llevan adelante una lucha de muchos años, plenamente identificadas con movimientos populares; mientras que Lilian tiene, para ser generosos, una escuálida trayectoria en la “lucha” de los Derechos Humanos que se limita a “colaboraciones” con un par de instituciones, por ejemplo, la fundación de una institución bancaria.

Yolanda y Bertha se mueven en esferas muy particulares, los pocos –relativamente- informes de prensa que se puede encontrar en la gran red sobre estas mujeres, las muestran en reuniones poco pomposas de activistas y grupos sociales; los de Lilian, la ubican en las más altas esferas del poder, en la Casa Blanca, los Pinos o el Palácio do Planalto, donde hace poco fue recibido por el Sr. Temer, algo que daría para otro artículo.

Yolanda y Bertha no buscan derrocar gobiernos, tampoco captar el poder para ellas o sus amigos y familiares, simplemente piden un mundo menos injusto. Lilian, más allá de que luche por la liberación de su esposo, que es perfectamente comprensible, claramente tiene una vinculación con la toma del poder en Venezuela.

Finalmente, Yolanda y Bertha parecen llevar sus luchas bajo un concertado silencio mediático, no gestado en las salas de redacción de los periódicos locales, sino en las altas esferas, donde los propietarios de las empresas comunicacionales hegemónicas velan por sus beneficios; Lilian, goza de una inusual venia de los grandes medios regionales, e incluso internacionales. No ahondaré más en esta relación, mejor les dejo esta frase del maestro Ryszard Kapuściński, del libro Cristo con un fusil al hombro, para su reflexión:

“Sería interesante que alguien investigara en qué medida los sistemas de comunicación de masas trabajan al servicio de la información y hasta qué punto al servicio del silencio. ¿Qué abunda más: lo que se dice o lo que se calla? Se puede calcular el número de personas que trabajan en publicidad. ¿Y si se calculase el número de personas que trabajan para que las cosas se mantengan en silencio? ¿Cuál de los dos sería mayor?”

Finalmente

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No busco menospreciar los reclamos de una buena parte del pueblo venezolano, que en los últimos meses ha soportado durísimas condiciones; mucho menos, es mi objetivo defender el régimen del Sr. Maduro; si ha leído con detenimiento, es claro que ese no es el fin de este artículo. Simplemente, me indigna ver cómo las palabras son mañoseadas, cómo se conciertan estrategias entre poderosos grupos económicos y los grandes medios de comunicación para manipularnos.

La Sra. Tintori tiene todo el derecho de reunirse y de pedir cuánto ella crea conveniente, pero es lo suficientemente claro el hecho de que “activista” o “defensora” de los Derechos Humanos es una dignidad que le queda extremadamente grande. No estaría mal que ella ocupe su lugar de activista política o de una lucha particular, y que siga adelante así, con todo el derecho del mundo; tampoco estaría mal que los medios pretendieran ser un poco más críticos al momento de encasillar así a una persona; y mucho menos, que los ciudadanos no nos tragásemos tantas mentiras, aunque aparezcan en las primeras planas de los diarios.

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